Tú, que me miras y erizas la piel
como aquel poema que leía cada noche.
Apareciste cuando mi corazón se
sentía triste y solo cual delfín en medio del océano.
Llenaste mis días de amor cuando el odio se
había apoderado de mi alma.
Y conseguiste que cada mañana mi vida
se llenase de luz.
África F.
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